
Osona, comarca de comunidades energéticas
En la comarca de Osona, situada en la Cataluña central, tenemos la suerte que des del año 2020 ya actuábamos como OTC. Es decir, des de la Agencia Local de la Energía d’Osona, ALEO (departamento del Consell Comarcal d’Osona) se aposto por las comunidades energéticas en un momento en que estas eran más un sueño que una realidad.
Desde la ALEO hemos trabajado codo a codo con los ayuntamientos, la ciudadanía y empresas para tejer espacios de confianza donde hacer germinar las comunidades energéticas. Siendo que actualmente en Osona hay 30 comunidades energéticas operativas y una en fase de creación. (mapa adjunto) Osona es una comarca sobre todo de ámbito rural, con una población de más de 150.000 personas y 50 municipios, en este momento un 96 % de las personas ya se pueden unir a la comunidad energética en su municipio.
Desde la OTC Osona en transició hemos generado diversos documentos que pueden ser de ayuda tanto en la creación de las cooperativas (modelo de estatutos) como documentos para facilitar la cesión de tejados e instalaciones fotovoltaicas por parte de los ayuntamientos a las comunidades energéticas. Nuestro trabajo diario, consiste en dar soporte tanto a los ayuntamientos como a las comunidades, en este camino que vamos creando al andarlo conjuntamente.
Esta senda ha sido por lo menos complicada, ateniendo a diversos factores, entre los cuales me gustaría destacar:
- La falta de definición legal de las comunidades energéticas.
- El desconocimiento sobre la materia por parte de las administraciones y la población.
- La opacidad y complejidad del sector eléctrico. Y específicamente a las dificultades y retasos para activar las instalaciones de autoconsumo compartido.
- La tendencia al individualismo promovida por el modelo económico y social en el que vivimos.
Por otro lado, para no caer en un discurso pesimista, también cabe mencionar los factores que han propiciado este entramado de comunidades:
- El plan Nova Energia d’Osona (NEO), una estrategia comarcal que tiene por objetivo la transición energética y que identifica a las comunidades energéticas como la forma para implicar a la ciudadanía
- El soporte institucional, político y económico a esta visión de futuro.
- El empuje, el conocimiento y la ilusión de las personas que han conformado las comunidades.
- La creación de la cooperativa de segundo grado Osona Energia.
En Osona, las primeras comunidades energéticas iniciaron sus andanzas muy temprano, en un marco de gran desconocimiento sobre la materia e indefiniciones legales. Estas pioneras han abierto camino facilitando de esta manera la creación de otras cooperativas. Ya en un principio, se vio que uno de los grandes retos de las comunidades energéticas es la gran variedad de perfiles profesionales que requieren, sin ánimo de exhaustividad: perfiles de gestoría, ingeniería, comunicación, etc.
Este abanico profesional difícilmente puede surgir completamente de las cooperativas, no siendo realista esperar que una comunidad se pueda autoabastecer de estos perfiles. Además, se trata de un gran volumen de trabajo que es complicado poder realizar des del voluntariado.
Por este motivo, las primeras comunidades energéticas de Osona, juntamente con el soporte de la ALEO decidieron hacer el salto y crear una cooperativa de segundo grado, es decir, una cooperativa de cooperativas para ofrecer estos servicios de forma mancomunada a las comunidades. Osona energía nació en 2020 y actualmente da servicio a 50 comunidades energéticas de Cataluña, ya que, pese al nombre, esta cooperativa tiene su ámbito de trabajo a nivel autonómico.
El panorama en Osona nos permite ser optimistas, aunque algunas nubes oscurecen el horizonte, por un lado, los tiempos larguísimos entre que una comunidad decide hacer un proyecto de autoconsumo y este se materializa en kWh a las personas socias. Estamos hablando de tempos de más de 3 años que propician el desánimo entre las socias de las cooperativas, ya que se ven a merced de las trabas que algunas distribuidoras ponen al autoconsumo compartido.
Por el otro, creemos que uno de los grandes retos a los que se enfrentan las comunidades energéticas, en la creencia que en ellas esta llave a la transición energética, es la participación de más diversidad de personas. A día de hoy el perfil típico de persona socia de una comunidad es: hombre, blanco, de unos 50-70 años, un nivel de estudios alto y una buena posición económica. Ensanchar la diversidad de personas que forman parte de las cooperativas hará que estas se conviertan realmente en el motor de cambio.